Mi Confrontación con la docencia
Estudié la licenciatura en psicología en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, mi propósito era ser psicoterapeuta, aunque siempre había deseado ser profesora, solo que cuando presenté el examen para ingresar a la Normal para Maestros no lo logré obtener un lugar, aunque sin experiencia ni técnicas empecé a dar clase a niños pequeños.
Cuando egresé de la carrera de Psicología me dediqué por algún tiempo a la psicología clínica, cada mes teníamos una reunión con psicólogos de todo el Estado de México y había un compañero, el único hombre, que nos comentaba de lo satisfactorio que era dar clases a adolescentes, que un psicólogo contribuía mucho en el desarrollo de estos. Sembró en mí la inquietud de retomar mi deseo de ser maestra.
Sin que yo lo buscara, me invitaron a cubrir un interinato de una orientadora, pero al término de este periodo no había ningún puesto para mí en esa preparatoria y el director me envió a una escuela de nueva creación, donde la directora de inmediato me recibió y me propuso como orientadora. Después de dos años las plazas empezaron a ser ocupadas por profesores que venían de otros niveles o subsistemas y como yo no había cumplido el tiempo reglamentario para basificarme en el puesto que ocupaba la directora me ofreció varias materias.
Al empezar a dar clases me di cuenta que no era fácil, así que le pedí a la directora que si había un curso al que pudiera enviarme yo quería ir, pero no era tan fácil porque la preferencia la tenían los compañeros de base. En cierta ocasión informaron a los directores de preparatorias estatales que se iba impartir un curso para motivar a los alumnos a mejorar su comprensión lectora y que enviaran a un profesor de su escuela, mi directora le preguntó a varios compañeros, pero nadie quiso asistir, así que ya no teniendo a quien enviar me preguntó si quería ir y yo acepté.
Ese curso se llamó “Comunidades de Indagación” y me permitió reflexionar acerca de la importancia de ser docente, sabía poco de ser maestra, pero mi objetivo era que los alumnos fueran capaces de pensar reflexiva y críticamente cada una de sus decisiones, que aprendieran a desarrollarse mejor en la vida, que fueran libres.
Ser profesora me ha permitido contribuir al desarrollo de muchos jóvenes, escuchar cómo van transformando sus discurso me hace sentir muy feliz, y entonces me digo que ha valido la pena dedicarme a esta noble actividad, aprendo, me divierto y me renuevo cada día a pesar de que haya jóvenes que persistan en agredir a quien esté cerca de ellos.
A veces me siento muy insatisfecha con los aprendizajes de los alumnos, pero sí me he percatado que ellos aprenden más cada vez que me encuentro estudiando de manera formal.
Soy profesora porque me siento realizada cada vez que un joven comprende y aplica los contenidos de la materia en la solución de sus problemas, lo se porque ellos mismos me comentan lo que hacen cuando se les presenta una situación parecida a las que trabajamos en clase, o bien actividades que hicimos en clase les sirvieron para comprender y resolver un asunto que nada tenía que ver con la materia.
Mi aventura de ser docente
Al egresar de la universidad se ha construido una identidad que permitirá operar en la profesión elegida, como yo estudié la licenciatura en psicología, comprendía un poco como actuar como psicóloga, estaba entrenada por lo menos en escuchar el contenido latente en el discurso de un sujeto y me aventuraba a realizar interpretaciones del inconsciente. Y nada más.
Nadie me enseñó a ser docente. Un docente debe poseer ciertas características para poder relacionarse correctamente con sus alumnos, así como para propiciar su aprendizaje. Lo anterior es una muy buena razón para prepararse para cumplir de la mejor manera la actividad que se ha elegido para realizar en la vida.
Una de las acciones que puede realizar el profesor para prepararse es leer, de entre los artículos adecuados para prepararse como docente se encuentra el un capítulo escrito por Esteve llamado “La aventura de ser maestro”, que propicia la reflexión acerca de lo que se está haciendo.
Sin duda hay cosas que el profesor no puede cambiar, como por ejemplo, no puede modificar que los recursos económicos sean mayores, que los alumnos no tengan problemas o por más que se intente y se comente con padres y alumnos, estos desertan, truncando con ello muchas de sus metas y los propósitos de la sociedad se verán obstaculizados.
En el mismo sentido, no siempre podemos decir que la institución donde trabajamos carezca de los recursos necesarios, aunque no siempre tenga la tecnología que se requiere o que la biblioteca no cuente con el material actualizado para la investigación de profesores y alumnos, a veces la problemática es más profunda, porque incluye el ánimo de los alumnos y a veces por más técnicas que se empleen los alumnos permanecen deprimidos.
Pero el asunto empieza a llamar mi atención, ¿cómo es posible que los alumnos no estén cambiando sus expectativas después de cada una de mis clases?, ¿qué estoy haciendo mal? Hasta que se produce el inshgt.
Sí, leer el capitulo mencionado que se encuentra en el libro de Esteve, llamado “El malestar docente”, me permitió descubrir algunas cosas que estoy haciendo muy mal y que es urgente cambiar por amor a la docencia y los sujetos que puedo servir.
Me parece que Esteve se centra en la frase “maestro de humanidad”, leer su artículo me permite descubrir que a pesar de que tengo poco más de diez años de ser profesora, no he logrado descubrir cómo ser una maestra de humanidad, que a pesar del tiempo sigo siendo una profesora novata.
En los aspectos que Esteve señala me ha impactado que mi actividad docente está al servicio de mis alumnos, que con misericordia debo acercarme a ellos y convencerlos de que no soy su enemiga sino que vamos juntos, construyendo nuestros aprendizajes, que incluyen conocernos mejor a nosotros mismos, también para conocer y cuidar lo que nos rodea
La lectura de este artículo ha producido en mi un enorme sentimiento de dolor porque la imagen que yo misma me he impuesto es que nada debe quebrantar mi imagen de una profesora dura, cosa que ha lastimado y está lastimando a mis alumnos, a quienes es necesario enseñar a amar la construcción intelectual que ha hecho la humanidad, no a odiar el conocimiento.
Para el autor propiciar que el alumno aprenda implica introducirlos en las preguntas iniciales que las generaciones anteriores se hicieron, ¿pero cómo hacerlo? Personalmente algunas ocasiones, principalmente cuando me tocan grupos de ética leemos un currículum especial y después de cada lectura los alumnos escriben sus preguntas, revisamos cuáles son las temáticas que les interesan e investigamos por ese rumbo las temáticas que todo ser humano se ha hecho acerca de su acción humana, esto me cuesta trabajo con la nueva currícula del bachillerato; puede que sea nueva, pero principalmente no he tenido tiempo para desarrollar este modelo en mis alumnos.
Las preguntas deben iniciar conmigo, primeramente yo tengo que vivirme como alumna, sentirme como ellos para conducirlos en la búsqueda de su identidad, para cuidar de ellos mismos y de su entorno con todas sus implicaciones.
A pesar de que el autor señala los principales problemas de los profesores novatos aun me pregunto: qué acciones, qué pasos, cómo debo planificar mis clases, lograr el control de grupo, ya se que Esteve dice que debo de poner las reglas en claro.
Muchas veces me he preguntado qué produce esta actitud hacia mis alumnos y la respuesta fue que no me sentía satisfecha con la forma como era tratada en mi trabajo. La manera en la que me solicitaban informes y más informes.
Para un profesor que egresó de una Normal para Maestros quizá sea más sencillo adentrarse en los deberes de la docencia, sabe manejar todo el trabajo administrativo que le imponen en cada periodo, como si el profesor no tuviera nada que hacer le solicitan mil informes, que por cierto cambian cada semestre y que le requieren mediante la intervención del personal administrativo, cuya actitud es de superioridad y desprecio hacia el docente.
No solo es necesario sentirse satisfecho con lo que se hace dentro del aula, sino también con el lugar que se ocupa dentro de la institución, y ante todo como es apreciado o despreciado su trabajo.
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Hola Lidia,
ResponderEliminarEs interesante leer tu gusto y la pasión por la docencia, creo que el ideal de todo profesor es que sentirse feliz haciendo su trabajo, claro también que nos lo reconozcan.
Un saludo, y seguimos en la aventura de seguir conocimiendo herramientas para mejorar nuestra docencia.
Hiram
Gracias Hiram
ResponderEliminarTu comentario me alienta.
Lidia
Hola Lidia:
ResponderEliminarGracias por compartir esa pasión por la educación, como bien mencionas no es nada fácil el ser docente, es un gran compromiso que se tiene con los alumnos, sobre todo por que tenemos que saber como interactuar con ellos, es necesario conocer sus necesidades, para poder establecer estrategias que nos permita generar aprendizajes significativos.
El usar esta nueva estrategia nos va a permitir construir, como bien menciona Jordi Adell
“Compartir no basta; construir juntos humaniza”. Y cada vez que interactuamos en este espacio virtual construimos nuevos aprendizajes, que no permitirá cambiar nuestras actitudes y ser Profesores de humanidad como mencionas.
Lidia: Me pareces una persona tenaz y capaz con deseos de aprender y de comunicarte, siento que tu tenacidad y el comunicarte es un aporte que tomare en cuenta para trabajar. Como tú soy orientador y psicólogo y en desarrollar estrategias de estudio y habilidades de pensamiento. Una pregunta ¿Las comunidades de indagación son de Mateuw Lipman?
ResponderEliminarSaludos Antonio